Sanidad multiversal o miniversal

Nuestros gobiernos, que son nuestros porque nosotros les hemos pedido que lo sean, caiga ello sobre nuestras almas, han hecho todo lo posible para covencernos de que en este país tenemos, seguimos teniendo, una Sanidad Pública Universal. Bueno… todo lo posible, lo que se dice todo, exactamente no lo han hecho, porque mucha imaginación se la dejaron despistada por ahí cuando se pusieron el traje de políticos profesionales, pero, desde luego, han hecho todo lo que saben hacer; repetirlo hasta la nausea. Y luego volver a repetirlo.

Ahora Madrid, o más exactamente el Gobierno del PP de Madrid, dice que no piensa pagar la asistencia sanitaria a los ciudadanos de otras comunidades porque, dice y no miente, esas otras comunidades tienen su propio presupuesto para Sanidad y por lo tanto son ellas las que tienen que hacerse cargo de lo que cueste curar a sus respectivos ciudadanos.

El razonamiento, la secuencia argumental, es correcto desde el punto de vista del dios fiscal y del demonio monetario, pero tiene tres problemillas de flotación cuando uno se sienta a pensar en ello despacito poniendo el asunto dentro de su contexto. Sí, resulta que los asuntos tienen contexto aunque las propagandas populistas de nuestros gobiernos ya casi nos hayan llevado a olvidar semejante locura.

El primer problemilla es de caracter genérico, semántico, filosófico y, sobre todo, obvio. Es obvio porque salta a la vista antes incluso de que se pueda decir “universal”, a nadie se le escapa, todos lo vemos, todos sentimos derramarse sobre nuestra mente más básica lo incongruente que resulta que el Presidente del Gobierno de España hable de cuán cojonudo es que un andaluz pueda llevar el corazón trasplantado de un catalán y al mismo tiempo el Presidente de la Comunidad de Madrid lo matice con “eh, cuidadito, sólo si Andalucía le paga a Cataluña el corazón”. No sé lo que opinará la Real Academia, pero a mí lo de “universal” me chirría un poco bastante en todo esto. Utilizar la supuesta universalidad de la Sanidad española para atacar el independentismo catalán con torpedos emocionales no es bonito, lo siento, me parece guarripei como poco. Pero, si además es mentira, ya me parece incluso sucio, y… resulta que es mentira, porque esa supuesta universalidad depende de que una comunidad le pague a otra por los servicios sanitarios prestados, cosa que se podría hacer igual aunque una de esas comunidades se independizase. Por lo tanto, es mentira que la Sanidad española sea universal y es mentira que, tal y cómo está ahora, la sanidad pública sea motivo de unidad patriótica. Y son mentiras sucias.

El segundo problemilla que tiene el razonamiento del Presidente de Madrid es de caracter puramente humanista. Algunos dirán que es una crítica demagógica y populista (chavista, bolivariana y todo eso), y quizá lo sea, pero algo en el fondo del sentido común se empeña en susurrarlo como un run-run inevitable que me hace sospechar que pueda ser compartido por la mayoría de la gente… Si se supone que todos somos españoles del mismo país (concretamente España), si se supone que la asistencia sanitaria es un derecho constitucional antes que un servicio provinciano, si una parte importante de nuestros impuestos (directos e indirectos, no olvidemos los impuestos al tabaco, por ejemplo) va directo al presupuesto sanitario “nacional”, si partimos de estas premisas que no son opiniones sino hechos, la conclusión es evidente; la Sanidad Pública tiene que ser igual en todo el país y para todos los ciudadanos (como mínimo), sin depender de la provincia o comunidad autónoma en la que nos encontremos y sin que haga falta rellenar formularios de “paciente ajeno extra”. Me consta que esto no encaja muy bien con la política presupuestaria descentralizada que obliga a las comunidades a financiar sus respectivas sanidades semi-universales tirando a locales, pero ese es un problema púramente logístico y técnico que no debe pasar por encima del problema humanitario, y además es un problema logístico con una solución evidente que consiste en devolver al Estado las competencias de Sanidad, puesto que sólo así se puede hacer un sistema sanitario público realmente nacional e igualitario. Otro asunto es ya si las comunidades autónomas, a pesar de sus lloriqueos sobre lo mucho que les cuesta la Sanidad, están dispuestas a renunciar al pedazo más gordo de su presupuesto, que es la Sanidad… ¿renunciarían los gobiernos autonómicos al chanchulleo de los contratos de infraestructuras, los negocios con las farmaceúticas, los porcentajes de las inversiones y las comisiones que rodean a todo lo que está relacionado con la Sanidad Pública? Respóndase a esto con escepticismo, con abogados y con apoyo sindical.

Y ya para terminar, el tercer problemilla que sufre la argumentación del Gobierno de Madrid para negarse a atender “gratis” a los ciudadanos de otras comunidades (se me ocurre Castilla-La Mancha, no sé por qué) es mucho más mundano a la par que esquivo, ya que se camufla en esa jungla de la razón en la que no dejan de decirnos que hay monstruos para evitar que la pisemos. El problemilla se puede resumir con una pregunta: ¿Está seguro el Gobierno de Madrid de que sus propios ciudadanos no producen gastos sanitarios en otras comunidades? Esto, que una vez dicho parece tan simple, podría suprimir por completo el argumento del Gobierno de Madrid… o no, dependiendo de la relación entre lo que cuestan los pacientes extra-comunitarios y lo que ahorran los pacientes comunitarios fugados. Personalmente no sé si dicho gobierno lleva la cuenta de lo que le cuestan los madrileños enfermos a otras comunidades autónomas, pero parece razonable suponer que también hay madrileños usando la Sanidad Pública en esas otras comunidades, y eso supone no sólo que esas comunidades también están pagando la sanidad de unos ciudadanos “extranjeros”, sino que, además, la Comunidad de Madrid se está ahorrando dicha atención sanitaria. En un ejercicio de razonamiento facilón (provocado por la carencia de datos, más que nada), podríamos imaginar que el gasto sanitario que los madrileños producen en otras comunidades iguala al gasto sanitario que invierte Madrid en ciudadanos de otras comunidades, lo que nos dejaría empatados y supondría que Madrid, en contra de lo que dice su presidente no electo, no está pagando ni más ni menos por atender a los ciudadanos de otras comunidades. Este dilema de pagos cruzados podría resolverse con acuerdos financieros entre comunidades, como propone el gobierno de Madrid, o, simplemente, podría dejarse como está y no tocar los cojones con ello, aunque sólo sea para simular una sanidad ligeramente más solidaria y universal española. En caso de preferirse los pagos inter-comunitarios, los dineros que según el gobierno madrileño le cuesta atender a los de fuera son falsos, puesto que tendrá que descontar de ellos lo que le tocará pagar a las demás comunidades para que atiendan a los madrileños. En caso de preferirse dejarlo como está, Madrid no se va a arruinar y, a cambio, los trabajadores de su sistema sanitario público podrán seguir salvando vidas aunque vengan de Cuenca, que es lo que en el fondo les mola.

Y, si las cifras me desmienten, si resulta que los ciudadanos madrileños estamos pagando más que otros por la sanidad para que con ello se atienda a los que no son de Madrid, entonces acepto que me suban un poco los impuestos para compensarlo[*], pero no acepto que se deje de atender a nadie en mi comunidad autónoma por una simple cuestión matemática.

No sé a quién piensan que están tomando el pelo, pero estoy seguro de que la inmensa mayoría de los ciudadanos de este país sabemos que la palabra “universal” no admite matices.

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Pablo Villaseñor Muñoz

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[*] Los 50 millones anuales que según el presidente de la comunidad nos cuesta esto, dividido entre los 3 millones de españoles, sale a unos 16€ al año por cada madrileño.

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Una respuesta a Sanidad multiversal o miniversal

  1. Indignación dijo:

    Finalmente, y desgraciadamente, llevas toda la razón, hace tiempo que leo el blog, pero hoy la impotencia me ha podido muchísimo, la irracionalidad de traer el virus del ébola a España junto con la alarmante y penosa situación del Hospital Carlos III era una bomba que finalmente ha estallado. Deseo, espero, me gustaría que algún responsable de nuestras nefastas autoridades sanitarias diera la cara y dimitiera por la vergüenza que supone su falta de honestidad y por haber colaborado en la difusión de una enfermedad altamente contagiosa en nuestro país.

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