Retrato distorsionado y pinceladas de mentiras

Hacía bastantes años que no realizaba un comentario de texto, aunque estas palabras más que inducir a un análisis gramatical inducen a un análisis de la ceguera de la verdad y ausencia de arte que tienen algunos.

Su rostro era todo un poema hace unas semanas, cuando Redacción Médica le entrevistó en pleno huracán de críticas por su plan de sostenibilidad.

En lo del rostro tiene razón; poema y de los trágicos.

Los hubo entonces que ni siquiera leyeron sus argumentos. Le sentenciaron por la cara: “Está fuera. No hay quien soporte este descrédito”.

¿Poder leer los argumentos? Difícil leer algo que no existe o está escrito con tinta transparente. No los ha tenido en ningún momento desde que comenzó “el huracán de críticas”, ni los tendrá.

Pero Javier Fernández-Lasquetty y Blanc (Madrid, 1966) sigue en su puesto, sigue de consejero de Sanidad en la Comunidad de Madrid

Seguir sigue, como consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, pero esto, per se, no exculpa ni acredita a nadie, ni se debe considerar un mérito. Sólo hay que mirar a sus compañeros de filas… Como decía aquel: “Nos sobran los motivos”.

Todo un mérito sobrevivir al sillón más controvertido de nuestro Sistema Nacional de Salud.

Amigo pintor de lo irreal, efectivamente al Sr. Consejero se le pueden adjudicar muchos méritos: Intento de cierre de hospitales de prestigio, listas de espera ficticias, falsa libre elección (o lo que es lo mismo, “va usted a tal hospital porque se lo dice una teleoperadora” y luego digo que lo ha elegido usted), bloqueo de derivación de pacientes a centros públicos, incertidumbre de los trabajadores, temor de los pacientes, incremento del número de parados, peonadas en centros privados, máquinas inteligentes y escépticas que reciben a los pacientes en los hall de los hospitales con función desconocida y origen aún más incierto (aunque con un fin bien claro)…

En realidad, a Fernández-Lasquetty se le atribuyen muchos otros méritos y quizá este último, aún inconcluso, no sea más que la síntesis de todos los demás, definido en dos palabras: perspicacia y perseverancia.

Sí, perspicaz, ingenioso y hábil a la hora de barrer hacía intereses privados.

Perseverante, aunque millones de ciudadanos y profesionales griten a voces argumentos más grandes que su ego lasquettiano.

Porque su trayectoria política, si por algo se caracteriza, es por la aplicación sistemática de ingenio y habilidad a partes iguales, para ir ascendiendo en la escala del partido y también de la Administración.

Con lo de ingenio y habilidad, tengo mis dudas. Debe referirse a su ya mundialmente conocido concepto de “Sostenibilidad”: Tirar la casa para arreglar el tejado.

En realidad, podemos advertir en Fernández-Lasquetty características de Aznar y Aguirre: liderazgo, tenacidad, libertad de pensamiento, porfía…

Liderazgo, porque mueve mareas ciudadanas en las calles, aunque sea defendiendo su derecho a la Sanidad Pública.

Hay que reconocerle que tenaz es, aunque sea sin lógica y perdiendo cada día más la credibilidad.

Libertad de pensamiento, tengo que aclararle, que no es una característica de nadie, es un derecho, como la libertad de expresión, que, por cierto, su musa ha negado al pueblo, a ése soliviantado y nada conciliador que sólo quiere defender sus privilegios.

Porque antes, en su paso por el Ayuntamiento de Madrid, por el Ministerio de Cultura, por el Senado, por la FAES y por la Consejería de Inmigración, seguramente no se vio en una tesitura como en la actual: con todo un sector soliviantado, granítico en torno a un mensaje directo y nada conciliador. Y aquí es donde se calibra la altura humana de un político. O la altura política de un hombre.

Su altura como hombre, ni la conozco, ni me interesa, pero la de persona y gestor, deja mucho, pero que mucho, que desear.

Fernández-Lasquetty se parapeta en la templanza y dice sereno que la sanidad pública no se vende ni tampoco se privatiza.

La Sanidad Pública no se vende, ni tampoco se privatiza” lo dice bajito, es que no lo puede decir de otra manera, es como se dicen las mentiras. La calle grita otra cosa.

Dice que el sistema tiene un problema tan simple como irresoluble si no se hace algo: gasta más de lo que puede gastar.

Que gasta más de lo que puede gastar”. Solución para ahorrar: Hacer cambios y transformar hospitales, que no sólo cuesta dinero, sino calidad de la asistencia y, con toda seguridad, vidas humanas. Y si no, que se lo pregunten al Primer Ministro Británico, el Sr. Cameron.

Y dice que las mejoras no se pueden aplicar en un modelo apoyado en el funcionariado vitalicio. Así no hay quien arregle nada.

Como cambiamos de opinión Sr. Lasquetty, hace sólo un año y medio decía que los 80.000 profesionales sanitarios que trabajan en la Comunidad. “Son los que realmente se merecen el premio porque hacen posible que el sistema madrileño sea de los mejores de Europa ¿Qué ha pasado en estos meses? ¿Alguien lo ha gestionado mal? Déjeme pensar quién lo ha hecho. ¡Anda! Pero si ha sido usted.

He llegado a la conclusión de que, definitivamente, ha debido tener una “experiencia traumática” con algún funcionario.

No parece tener renuncios. Por no tener, no tiene ni seguro privado.

Muy bien, ¡enhorabuena!, le aplaudimos todos a una ¡Que sacrificio, no tiene seguro privado! Con esta información ahora nos parece mucho más honrado.

Tiene el derecho supremo del que tanto se ha hablado en el sistema, pero que sólo se ha aprobado en Madrid gracias a él: la libre elección, de centro, de médico. Y fía al ejercicio humano de la libertad, tan rutinario, tan indiscutible, que el sistema module sus inercias y termine reconociendo a los que mejor trabajan.

Y sí, gracias por inventarse un tongo como la libre elección y por hacer que se reconozca a los que mejor trabajan. ¿Pero cómo? Me gustaría que me lo explicara. ¿Quizá sea con contratos de acumulada eventualidad?, o quizá, ¿con pagas extraordinarias maquilladas de servicios especiales elegidos con tecnología digital?

Nadie estuvo tan cerca de implantar una reforma tan ambiciosa […] Es posible que, para cuando lo sepamos, el consejero no pueda atribuirse el mérito. Porque quizá ya no le quedarán ni ganas después de una confrontación de la que aún nos falta un último y definitivo acto. Atentos.

Espero, deseo y suplico, que efectivamente, nadie haya estado tan cerca de implantar esta reforma y tan lejos de conseguirlo. Atentos, todavía le queda por demostrar la veracidad de algunos de sus no-argumentos.

Le pido, y estoy segura que hablo por boca de muchos, que se atribuya finalmente el mérito de dimitir.

Una última recomendación al Artista del lienzo, cambie de musas; ni el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, ni la Ministra de Sanidad.

Aunque imagino que publicando en un medio tan imparcial como es en el que lo ha hecho, sea una labor difícil e incluso imposible.

Irene Bregón García
Neumología. Hospital Carlos III.

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