El Segundo Círculo, los manipulables de choque

Lo primero que se ha pedido hoy en la calle Doctor Esquerdo 126 ha sido un fuerte aplauso cuando llegase el Consejero de Sanidad, porque “Javier lo está pasando muy mal”. Era una charla informal y amable del consejero a sus simpáticos simpatizantes, algunos de los cuales, por cierto, se sientan entre vosotros todos los días durante la comida o pasan consulta a vuestro lado. No son muchos (como ya ha quedado más que patente), pero seguramente acuden a las asambleas que hacemos todos los días para poder mantener informado a Javier (es lo que tiene que uno de los bandos sea público y transparente mientras que el otro requiera invitación), así que cuidado con mencionar las movilizaciones sorpresa en las asambleas. Desgraciadamente para el Consejero, la barbaridad de su gestión y lo condescendiente de su discurso ha conseguido que incluso entre sus fieles haya disidentes silenciosos.

La charla ha transcurrido sin sorpresas, con la consabida y Goebbeliana repetición de las consignas propagandísticas; “ya sabéis cómo han conseguido las novecientas y pico mil firmas, coaccionando al paciente en la consulta con amenazas de no atenderle si no firma… No penséis que esto es por la Sanidad, es por sus peonadas y por sus sueldos… No es una cuestión de ética, como quieren hacer creer… En realidad es un producto del PSOE y de los sindicatos… Nosostros sin embargo hacemos lo que hacemos por la crisis… Externalizar la gestión es la única forma de hacer esto sostenible…”, etc. El día de la marmota, vamos. Muy diferente de lo que el Consejero habla con sus verdaderos confidentes, ¿verdad? Nada de compromisos mercantiles ni de beneficios indirectos.

Algunos pensaréis: “Lo extraño de esto no es que los discípulos se traguen el montón de alocadas afirmaciones sin sentido del Profeta Lasquetty, sino que algunos de esos crédulos sean médicos a los que conozco, que ven lo que en realidad ocurre y que conocen las inquietantes motivaciones de la Consejería”. No os preocupéis, no se lo tragan, es una simple cuestión de intereses y de promesas recibidas que se alimentan de la necesidad de medrar que tienen algunas personas. A los médicos se les presupone un nivel de ética importante, igual que a cualquier persona cuyo trabajo pueda salvar vidas, pero también a los obispos católicos se les presupone una altura moral, puesto que es lo que “venden”, y ya sabéis lo que les pasa a algunos de ellos cuando ven unos pañales. Como ya hemos dicho, son pocos, afortunadamente, pero bastaría con uno solo para hacer daño. Por ejemplo, ¿poner mínimos o guardias donde son necesarios para los pacientes o para los propios médicos? Nahhh, para eso primero haría falta que la miserabilidad de la algunos en la Consejería no se les saliera por los las escamas.

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